El hombre que preguntó a los muertos ( cuento)

Vivir pendientes de la opinión ajena, depender de algún modo de lo que piensan los demás es una forma de esclavitud incompatible con una vida emocionalmente saludable. Este cuento clásico de la india nos narra la historia de alguien condicionado por las críticas y el rechazo de los demás y del extraño consejo que le dio un sabio:

Cuentan que un hombre sufría en silencio, pues se sentía muy condicionado por los demás tanto por sus halagos y alabanzas como por sus críticas y rechazo. Resuelto a afrontar la situación, decidió visitar a un anciano con fama de sabio.

-      Esta oída la situación, le dijo:

-      -Sin formular preguntas harás exactamente lo que yo te mande. Ahora mismo iras al cementerio y dedicaras varias horas a alagar y verter alabanzas a los muertos. Después vuelve.

-      El hombre obedeció y se encamino al cementerio, donde llevo a cabo lo ordenado. Al regresar, el sabio le pregunto:

-      -¿Que han contestado los muertos?

-      -Pues ahora regresar nuevamente al cementerio e insúltales gravemente a los muertos durante horas- volvió a ordenar el anciano.

-      El hombre no comprendía nada, pero obedeció de nuevo y, después de insultar a los muertos, regreso otra vez ante el sabio, que le volvió a preguntar:

-      -¿Qué te han contestado los muertos, ahora?

-      -Tampoco han contestado – respondió el hombre-- ¿cómo podrían hacerlo si están muertos?

-      El viejo lo miro y dijo:

-      -Que esos muertos sean el ejemplo en que te mires. Igual que ellos murieron, ha de morir en ti tu importancia personal. Si ella muere, no habrá quien reciba halagos ni insultos y entonces quedaras libre y no te sentirás ya nunca condicionado por los demás.[1]

 


[1] Los mejores cuentos de las tradiciones de oriente. Sebastián Vázquez y Ramiro Calle Edaf Madrid 2003 p, 40

La ley de Murphy o la biblia del pesimista

 

Si algo puede ir mal, irá mal...

Frecuentemente se tiende a pensar que el pesimista es un tipo realista, pero en realidad encaja mucho mejor para él la definición de fatalista. Existe un pesimismo defensivo, una estrategia que utilizan algunas personas para no decepcionarse si las cosas les salen mal. Este comportamiento hace referencia a esa expresión que a buen seguro hemos escuchado en labiosde otros o en losnuestros: “ Yo, me pongo en lo peor”. Un recurso de defensa al que se refería el poeta Alexander Pope cuando escribió: “Bendito aquel que no espera nada: nunca será decepcionado”. Bueno, sí, claro, pero me pregunto qué tipo de existencia seria la nuestra si en nuestro débil equipaje no incluyéramos la bendita esperanza. Como sugería Darwin en su Autobiografía escrita en 1876: “una dosis de escepticismo es saludable pero, llevada al extremo, impide que mentes lucidas lleven a cabo empresas estimables de cualquier tipo”.

Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad.

                                                       Churchill

No podemos hacer desaparecer los problemas, pero saber afrontarlos positivamente puede ayudarnos a llevar una existencia mucho más apacible. No es posible hacer desaparecer los atascos, los enfados de la pareja, los hijos, o los jefes… Pero si podemos encarar las dificultades y buscar el aspecto positivo de todo. El optimismo no tiene necesariamente la capacidad de mejorar las cosas, pero si nos permite verlas con otros ojos, que no es poco. La dicha o la desdicha no dependen tanto de los avatares de día a día como del significado que les damos. Por tanto, reflexionar sobre la influencia que ciertos pensamientos tienen sobre nuestras emociones y conductas ayuda a ser menos pesimistas.

Este cuento nos alerta sobre el peligro de nuestros penasamientso:

Un hombre llevaba muchas horas viajando a pie y estaba cansado y sudoroso bajo el sol implacable del día. Extenuado, se echó a descansar bajo un árbol. El suelo estaba duro y el hombre pensó en lo agradable que sería tener una cama mullida en la que reposar. Era aquél un árbol celestial que hacía los pensamientos realidad, así que la cama le fue concedida al exhausto viajero. Acostado en la agradable cama, pensó ahora que sería muy grato para sus cansadas piernas que una joven le proporcionase un masaje sobre ellas, y en seguida una joven estaba aliviando la tensión de sus piernas. Bien descansado, el hombre sintió hambre y pensó lo gratificante que sería poder degustar una opípara comida. Surgieron los alimentos y el viajero comió hasta saciarse. Se sentía feliz. Había reposado, una bella mujer le había proporcionado un agradable masaje y había llenado su estómago. De repente le asaltó un pensamiento: « ¡Mira que si un tigre me atacara ahora!» El pensamiento se hizo realidad. Apareció un feroz tigre que se echó sobre él y lo devoró

Aprende a decir NO

 

Elena, tiene miedo al conflicto, así que en lugar de decirle claramente a Raúl, que no quiere pasar las vacaciones, un año más, en casa de sus padres, se conforma con la decisión de su marido y con ello se resigna a volver a perder un nuevo verano.

Pilar, acepta excesos y lo sabe. Aunque este agotada y no pueda con su alma ella es la típica persona que siempre dice, si.

María, es excesivamente complaciente, siempre está dispuesta a quedarse con los niños de su hermana aunque, justo ese día, ella tenía otros planes.  

Teresa, teme el rechazo de los hombres si no acepta sus proposiciones sexuales... Cuando un hombre, sin necesidad de que este le atraiga especialmente, le sugiere irse a la cama, ella acepta inmediatamente.

En el trabajo Antonio, acepta pasivamente todas las tareas que rechazan otros. Cuando el jefe dice “Antonio, ¿puedes ocuparte de esto?”, lo hace aun cuando la tarea tenga poca relación con la naturaleza del empleo.

Rosa, Pilar, María, Teresa y Antonio difieren en edad, sexo, aspecto, circunstancias económicas e intereses, pero comparten una misma característica: nunca aprendieron a decir, No.

Quizá puedas encontrar circunstancias en las que dijiste si cuando en realidad lo que te apetecía era decir no. Si cumples este requisito, inscríbete en la lista; aquí cabemos todos.

 

Lo bueno de cumplir 40 años, decía Groucho Marx, es que uno aprende a decir no sin sentirse culpable. El magnífico humorista fue relativamente precoz por que decir no, es una tarea harto dificultosa, de hecho, hay quienes no lo aprenden nunca y se mueren sin ser capaz de pronunciarla.

¿Miedo a caer mal? ¿Intención de vitar discusiones, ¿miedo a hacer daño? o quizá el motivo reside en que no sabemos cómo argumentar la negativa. Quienes carecen de esta capacidad “se inclinan humildemente ante los deseos de los demás y encierran los suyos en su interior”[1]. Si somos razonables, es fácil entender que no se puede vivir diciendo permanentemente a todo que sí. Hay un no muy doloroso que se clava como un puñal, que nos persigue, que arruina nuestra autoestima; ese no que se ha quedado ahogado dentro de nosotros, que se ha sentido herido por nuestra inseguridad y mutilado por nuestra falta de esperanza. Es un no terrible, porque es el no que hemos sido incapaces de decir”[2] La persona que actúa de ese modo se sentirá incomprendida muy frecuentemente, no tomada en cuenta y manipulada. Además, puede sentirse molesta respecto al resultado de la situación o volverse hostil o irritable hacia las otras personas. Después de varias situaciones en las que un individuo ha actuado de ese modo, es probable que termine por estallar. Algo lógico y comprensible, ya que hay un límite respecto a la cantidad de frustración que una persona puede almacenar dentro de sí mismo. Conectar con nuestras necesidades, atender a lo que queremos y necesitamos, priorizar el cómo estamos en cada momento y situación, nos obliga a saber decir "no".

 


[1] P,19 Herbert Fensterheim Jean Bear           No diga si cuando quiere decir no Random Hause Mondadori Brcelona 1976

[2] Mª Jesús Álava Emociones que hieren p, 273

El músculo de la voluntad

 
Capacidad para arriesgarse y voluntad para perseverar en el objetivo, parecen ser dos ingredientes fundamentales para alcanzar el éxito.
 
 
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Las personas de voluntad fuerte suelen tener motivaciones potentes, buena capacidad de raciocinio, poder de decisión y firmeza en la acción. No se retraen ante las adversidades y son constantes en su intención, hasta lograr lo que buscan. Ese acto que los antiguos filósofos llamaban voluntad y los psicólogos actuales denominan decisión. Enrique Rojas, catedrático en psiquiatría en su libro La conquista de la voluntad, la define como la piedra angular del éxito en la vida y uno de los más excelentes rasgos de la personalidad: hace al hombre valioso y le permite lograr sus objetivos. Y advierte que “la voluntad necesita ser educada; no se alcanza porque si, sino tras luchar por cosas pequeñas una y otra vez.” José Antonio marina, se pregunta en su libro El misterio de la voluntad perdida, por qué hoy nadie parece interesarse por la voluntad. Buena reflexión.

 

Para que pueda surgir lo posible, es preciso  intentar una y otra vez lo imposible. Hermann Hesse

 

tuve la oportunidad de dirigir en Popular TV, un programa centrado en el testimonio de personas que habían vencido adversidades en su vida aparentemente insalvables. Un programa de superación personal que fue premiado por El Foro del Espectador como Mejor Programa de Valores 2004, pero el verdadero galardón por aquel trabajo fue la oportunidad de conocer a seres excepcionales que han encontrado en su actitud, en su conducta frente al obstáculo, el poder de transformarlo todo. Todos ellos representaron para mi, y espero que `para los telespectadores que compartieron aquella experiencia con nosotros, el ejemplo de que no existen limitaciones al trabajo ni a los proyectos, la prueba tangible de que la voluntad recia y constante posee la mágica capacidad de guiarnos a un mundo donde los sueños se hacen realidad.

 

Ante la adversidad, frente al drama, el dolor, el sentimiento de pérdida, la confusión, son muchos los que pierden las fuerzas, y en la mayoría de los casos, la esperanza. Pero en ocasiones las ganas de luchar, el coraje arrebatador se entretejen con los firmes hilos de la esperanza y se convierte en un impulso mágico. Como podría, si no, entenderse la historia de Nadia Hádame, una bailarina, madrileña a quien una grave lesión medular le inmovilizo las piernas, haya llegado, contra todo pronóstico, a compartir escenario con Mikhail Baryshnikov en el teatro Kennedy de Washington.

Nadia lo consiguió después de haber sido rechazada en otras compañías de menor prestigio: “Me dijeron que aunque tenía mucha experiencia mi minusvalía impedía que me aceptaran en la compañía”, contaba con cierta tristeza en su voz la bailarina. La decisión de no dejarse vencer ante el primer intento parece ser la clave del éxito. La convicción fue determinante para Nadia quien manifestó haber tenido, desde pequeña muy claro su futuro profesional: “entré en el conservatorio cuando tenía siete años”. “Siempre quise ser bailarina”. A los catorce años un accidente parecía atropellar sus sueños:”Lo peor de todo fue cuando ya en el hospital tomé conciencia de que no controlaba mis piernas”. recordaba Nadia. Después llegaron dos operaciones de columna. Fueron cinco duros años: intervenciones quirúrgicas, rehabilitación, fisioterapia…. De todo supo extraer su enseñanza esta muchacha incapaz de rendirse ante la adversidad. “Esos cinco años tremendos me cambiaron la vida. Aprendí a replantarme todo desde el principio”.

Aunque en el camino no faltaron los fracasos, la bailarina estuvo siempre dispuesta a sobreponerse de cada uno de ellos: “Lo importante no es caerse siete veces sino permanecer la octava de pie. Además, vivir intentándolo es una buena forma de vivir”. Y fue a partir de esa nueva actitud frente a su vida la que la colocó en la dirección correcta hacia sus sueños. Recientemente ha sido galardonada con el premio Isadora Duncan de danza.

Nadia es la crónica de una superación y de una clara victoria sobre su limitación física. La bailarina representa el triunfo de la fe en una meta: “el éxito o el fracaso depende de ti. De cómo lo enfoques. Solo ienes que querer hacerlo",  asegura Nadia. 

 
NADIA ADEME PRIMERA PARTE 
 
 
 
NADIA ADEME SEGUNDA PARTE
 
 
 
 
 
NADIA ADEME TERCERA PARTE 
 
 

La importancia de tener una buena red social… ¡ REAL !

Busco a alguien.....

Actualmente, los lugares que favorecen encuentros son innumerables y se multiplican constantemente. Yo misma idee y dirigí un programa de radio enfocado a la creación de grupos de amistad en torno a afinidades comunes en toda España, se llamaba precisamente, “Busco a alguien”. Fue la consecuencia de La Noche, programa anterior que tanto me había enseñado sobre soledades. Me pregunté: ¿Cómo es posible que viviendo en pleno centro de una gran ciudad , una persona pueda lamentarse de no tener a nadie con quien quedar una tarde para ir al teatro, un domingo para comer o un fin de semana para hacer una excursión? El resultado de Busco a alguien, al final de la temporada, fue que cientos de personas que escuchaban la radio durante el fin de semana - cuando más evidente se hace la soledad - se decidieron a dar el paso y formaros parte de más de ochenta grupos con ganas de hacer amigos que se unieron en torno a aficiones comunes tan dispares como la Segunda Guerra Mundial, la papiroflexia, el cine en versión original o el Camino de Santiago…

El resultado fue sorprendente, me faltan paginas para contar las diferentes historias de personas que encontraron en la decisión de aquella llamada a la radio, un argumente diferente para sus vidas. Fue una experiencia muy gratificante que se sostiene en el tiempo al saber que muchos de ellos crearon vínculos que han sobrevivido al paso del tiempo. Lugares en los que buscar…y encontrar, no faltan.Dar el primer paso es el único secreto.

La importancia de tener una buena red social… real.

Hace varios años que el término red social se instalo en nuestras vidas, utilizando este concepto cuando nos referimos a Internet. Pero, hace muchos más años, ese concepto ya se utilizaba para hablar de otro tipo de relaciones Antes del surgimiento y consolidación de la web todos, en mayor o menor medida, contábamos con una red social que, evidentemente, era mucho más reducida. Normalmente, estaba constituida por nuestros mejores amigos, nuestra familia más cercana, compañeros de trabajo o de otras actividades y nuestra pareja, en caso de tenerla.

Estas personas o grupos de ellas,   forma nuestra red social “real”. Para los expertos en salud mental, no hay duda, tener una adecuada red social (real) colabora enormemente en nuestro bienestar emocional. Es por tanto muy recomendable aprovechar y disfrutar cada oportunidad que encontramos para establecer nuevas relaciones sociales: Propongo en este punto de lectura, una reflexión acerca de las redes sociales de cada uno.

La neurótica contemporanea. Y si tú lo fueras ?......

 

No aparece aún en los manuales de diagnóstico (ni CIE-10 ni DSM4), pero el parque temático de de los desórdenes mentales tiene muchas trastiendas y no todos tienen un epígrafe. La realidad siempre va por delante y se plasma en formas diferentes según la sociedad y cultura. Los psicólogos norteamericanos comienzan a ver sus consultas llenas de perfiles similares: Mujeres “cuarentañeras”, profesionales de prestigio, que viven por encima de sus posibilidades económicas y por debajo de sus perspectivas intelectuales, con una vida enfocada a la galería, sumado a una confesa adicción al fashionismo, hasta el punto de actuar sobre ellas, como un potente ansiolítico una tarde de compras o una cita con el masajista. Tras una semana de copas, paseos, citas, cócteles, trabajo en exceso y eventos de lo más “in”, llega el fin de semana y se entierran bajo el edredón nórdico, con la única compañía del mando a distancia –congelado en el canal Divinity- y un tarro de helado “cool”. Su evangelio es el glamour, la apariencia el manual que les gobierna y, su condena, la imposibilidad para encontrar el amor. Lo intentan sin saber que temen al compromiso y algunas, incluso rayan la misandromía... “Son nuevas formas del malestar –y del estar mal- en nuestra sociedad” –explica una de las pocas terapeutas que tratan en España este desorden, “la mayor parte de las mujeres –aunque también ciertos hombres- que acuden a mi consulta con este desorden, arrastran relaciones familiares dolorosas y con claves similares: Mala relación con los padres, debido a la equivocación de roles y relaciones de poder. Navegan desde el apego al abandono, pasando por el maltrato o diferentes tipos de violencia (psicológica, física y/o sexual). En la edad adulta deriva en un pavor al compromiso y un cultivo extremo del narcisismo presentado como un auténtico interés por los demás”

 

La terapeuta me ha prestado generosamente dos testimonios de su madrileño Gabinete Psicoclaramente (www.psicoclaramente.es) que ilustran con claridad este desorden tan femenino:

El primero se llama Cecilia, es abogada y tuene cuarenta y cinco años:

Me costó asumir el “epígrafe” de mi trastorno, pero ahora que lo he trabajado con Clarisa, cuadra: Mi padre nos abandonó cuando yo tenía tres años, y mi madre, se volvió una mujer sumisa hacia la que desarrollé rechazo. Me fui de casa en cuanto pude, hice un máster en Londres y encontré trabajo en un despacho de abogados. Hoy tengo mi propio bufete y la vida me sonríe... Pero reconozco que he perdido muchos trenes: Como el del amor y la amistad. Haciendo recuento de los hombres de mi vida, todos, sin excepción, estaban comprometidos o vivían en otra ciudad, lo que siempre dificultaba una relación normal. Si por una rara casualidad, estaban libres, mi “trabajo” terminaba interponiéndose por mi “bendita” culpa, perfectamente calculada, ya que me volcaba en el despacho para eludirles. Por no hablar del síndrome de abeja reina con el que me comporté con las mujeres que se cruzaban en mi camino: Compañeras, amigas, familiares: Las ridiculizaba en público, obstaculizaba su desarrollo laboral, todas me parecían feas, abandonadas o más pendientes de su vida familiar que social. En definitiva ni llevaba una relación sana con mis afectos ni con mi entorno”.

Atravesamos una época que nos induce al narcisismo y el cultivo del ego, en el sentido de buscar la felicidad sin contar con el otro. “Pero no por ello evitan el sufrimiento –matiza la terapeuta- pues aunque puedan disfrutar de buenos ratos, en lo más profundo, se sienten vacías y divididas”. Pierden la capacidad de entender a los demás, convirtiéndose, cualquiera, en un doloroso sudoku. “Se considera –prosigue Clarisa Hernández- que asumir responsabilidades y ser autónomos es algo que da sufrimiento, de ahí aparece la figura del complejo de Peter Pan, que no quiere volar y retiene a Wendy que hace intentos por cambiar a su patrocinado”.... ¿Cuantas Wendys y Peter Pan conocemos? Ellas ayudando a esos hombres que no saben lo que tienen que hacer con su vida y, atrapadas en ese papel, y ellos quejándose de la poderosa intervención de ellas. Uno de los temas estrella es el desencuentro en la relación mujeres-hombres y del sufrimiento que éstas conllevan. “Tenemos la sensación -y a veces la certeza- de que se repiten las relaciones de pareja, como patrones que nos hacen sentir desgraciados e insatisfechos. Lo que vivimos con personas diferentes no puede ser lo mismo, pero tardamos mucho en comprender que el problema está en uno mismo” –concluye la terapeuta

Fátima de 39 años, Profesora de la ESO:

“La frase que define buena parte de mis días podría ser la que repetía Carrie Bradshaw: Me gusta tener mi dinero donde pueda verlo: Colgando en mi armario –cuenta Fátima Dinero, hombres, glamour y ambición, han marcado los puntos cardinales de mi vida. En terapia he comprendido que la relación de dependencia con mi padre, marcó mi vida. Yo le adoraba y él no paraba de exigirme, porque nunca hacía nada a su gusto. Tras terminar la carrera y ganar mi plaza, pasé por no menos de 50 pisos –compartidos o en solitario- intentando eludir a mi exigente padre y mi sumisa madre. Mi máxima es – ¿o era?-: Nada es para siempre. Ni las casas, ni el amor, ni los trabajos, ni siquiera los zapatos. De ahí que siempre me sienta “elegida para lo peor”. Dejé pisos estupendos por mudarme a otros que pensaba mejores y no lo fueron. Abandoné parejas que podrían haber sido la definitiva, porque a la vuelta de la esquina me esperaría otra mejor. En cuanto al glamour, con la terapeuta he comprendido que es el pasaporte para darle a un hombre lo que creía que él deseaba. No daba lo que yo le quería dar, sino lo que pensaba que él quería recibir. Y al final, terminó con un problema de frigidez sexual, por auténtica división conmigo misma. Ahora he conseguido tener una relación de pareja y estoy que no me lo creo, me siento todavía incómoda porque nunca he experimentado lo que es una relación de intimidad, de comunicación, de saber dar y recibir. También reconozco haber “malutilizado” a mis amigas, las he criticado y no me atrevía a decirles lo que pensaba de ellas, aunque todas estábamos en la misma situación. Quedaba con ellas sólo para cubrir el vacío de mis solitarios fines de semana, e incluso he estado a punto de caer en el serio enganche del alcohol –y los alcaloides- en las horas de soledad de mi apartamento de “diseño”

Fátima es “de libro”, según la terapeuta: “Creen saber lo que el otro desea, aunque tienen intuición, son las peores enemigas de sí mismas, al tiempo que utilizan roles masculinos por temor a ser identificadas como vulnerables. Por ejemplo, usan el dinero de modo atávicamente masculino: Te doy algo para conseguir algo. Da igual que sea un Alfa Romeo, o su alma: El fin es “lucirse” y epatar, para brillar Este tipo de personas –porque también atañe a un porcentaje elevado de hombres- cree que nadie puede entender su especial saber, que son diferentes y, por tanto, les distingue como excepcionales sin darse cuenta que ese “charme”, ese “savoir faire”, ese “noséqué” les puede llevar a la destrucción y al más hondo de los abismos. De no ser así ¿cómo es posible que se repitan tantas claves en el malestar que sufren innumerables personas?” Ser mujer, soltera, adicta al total look, sexualmente activa y vivir las bondades del nuevo milenio sin atender a tu “yo interior”, nos puede abocar a ciertas almas a la insoportable levedad –y vacuidad- del ser.... Porque se paga duro. Con sangre emocional de difícil transfusión...

¿Cómo saber si eres neurótica contemporánea ?

1. Te cuelgas de las parejas imposibles: Casadas, que nunca viven en tu ciudad, que no quieren comprometerse, que no encuentran tiempo para estar contigo o que pasan por una mala etapa vital y nunca de los que podrían mostrar un interés real por ti

2. Estás convencida -después de haber tenido sucesivas parejas- que no ha nacido un hombre con el que puedas tener una relación de felicidad

3. Tienes un sexto sentido para saber de qué va la gente y de esa manera llegas a seducirlos, pero al final siempre te decepcionan

4. Tus mejores amigas son mujeres desesperadas (como las de Maitena; o en la versión masculina de la diseñadora gráfica), que no entendéis cómo algunos tipos eligen las feas, normales y aburridas relaciones estables de pareja, “¿qué tienen esas mujeres que no tenga yo?

5. Quizá entres en pánico cuando tu amante deja el cepillo de dientes en tu baño, por si quiere algo serio.

Acerca de María José Bosch

mariajoseacercade

Con más de veinte años de experiencia en la radio, María José Bosch entiende el medio como una plataforma para contar historias. Así, hablando de la vida, logró audiencias que mantuvieron el programa La Noche (Cadena Cope) durante varias temporadas, como segundo programa más escuchado en España, en su franja de emisión.

Su inquietud por la felicidad humana y los obstáculos psicológicos que nos impiden disfrutar de ella, han orientado su trayectoria profesional al periodismo especializado en psicología y desarrollo personal con propuestas como Mejor Imposible (2015) un programa motivacional enfocado al bienestar físico, mental y emocional de las personas ( Radio 4G) . En septiembre de 2015, publica su cuarto libro Diosas sin edad (ARCOPRESS)  Leer más

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