La felicidad, un estado emocional.

Basta echar una mirada a nuestro alrededor para darnos cuenta de que el mundo que nos rodea está plagado de problemas e infelicidad. Pero, de la misma forma, con solo mirar a nuestro alrededor descubrimos todas las cosas bellas que nos depara la vida. ¿Qué diferencia hay entre la primera mirada y la segunda? Simplemente, una sana intención de ser feliz….

 

“ Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una

disposición de la mente y no una condición de las circunstancias.”

                                                                    Johon Locke

La felicidad constituye una de las metas más importantes, si no la más relevante, de nuestras vidas. Su significado ha sido apasionado objeto de atención y tema fundamental de la literatura de todos los tiempos. Religiones, corrientes ideológicas y escuelas filosóficas han intentado encontrar la fórmula mágica que permita al ser humano ser feliz. De momento nadie parece poseer la fórmula magistral. Definir en qué consiste esa felicidad, esa dicha estable, opuesta a los vaivenes de la fortuna, que los griegos llamaban eudaimonía, tampoco resulta empresa fácil.  

-Cuando yo empleo una palabra, declaro Tentetieso

en tono desdeñosos, significa lo que yo quiero que

signifiquen, ¡ni más ni menos!.

-La cuestión está en saber, objeto Alicia, si usted puede

conseguir que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

-La cuestión está en saber, insistió tentetieso,

quien manda aquí, ¡ si las palabras o yo!.

                                               

                                                                 Lewis Carroll

                                                                                                                                                  A través del espejo y lo que Alicia encontró allí.

Para cada uno de nosotros la felicidad puede tener diferentes significados, pero lo que es seguro es que desde que nacemos, los humanos perseguimos, por encima de todo, dos objetivos: conseguir placer y evitar el dolor. Las emociones se encargan de determinar inequívocamente lo uno y lo otro. Si sabes cómo relacionarte con ellas, te permitirán vivir con plenitud, amor y felicidad. Pero siempre con la sabiduría de que es efímera. La felicidad es una emoción básica universal y, como todas las emociones, transitoria. Sera, por tanto, cuestión de atesorar el mayor número de momentos fugaces en nuestra vida...

Os dejo uno de los mejores cuentos, en mi opinión, sobre el verdadero significado de la felicidad : El buscador

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador. Un buscador es alguien que busca, no necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente, alguien para quien su vida es una búsqueda. Un día nuestro buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada… Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos eran los de un buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción… “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar… Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla decía “Llamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. El buscador se sintió terrible mente conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. – No, dijo el buscador - ¿Qué pasa con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?. El anciano sonrió y dijo: -Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda que fu lo disfrutado…, a la derecha, cuánto tiempo duró ese gozo. ¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?… ¿Una semana?, dos?, ¿tres semanas y media?… Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿El minuto y medio del beso?, ¿Dos días?, ¿Una semana? … ¿y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? …, y el casamiento de los amigos…? y el viaje más deseado…? y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano…? ¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?… ¿horas?, ¿días?… Así vamos anotando en la libreta cada momento, cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.

¡ Hasta el próximo post !